junio 14, 2017

Praga, ¡niña, a un euro dos bragas!

By In República Checa

Una visita fugaz de día y medio por las calles de la capital checa.

Pero qué bonita es Braga, pero qué preciosidad de ciudad, pero qué maravilla de monumentos, pero qué precios de infarto, ¡pero qué cosa más bonita! Pero, pero, pero, pero, pero, ¡un mojón para Praga!

Siendo la segunda vez que me adentraba en esta pequeña ciudad y habiendo quedado un poco descontento  -no sé si lo habréis experimentado alguna vez- con el efecto ciudad turística masificada y encubierta por un manto de buenas palabras (pero que finalmente decepciona).

Tras mis intentos por hacer ver a Mylette que tampoco era para tanto, finalmente me convenció a embarcarnos hacia Praga, esta vez ‘by bus’ y con una pequeña mochila llena de esperanza para que en este viaje me cambiase la imagen de esta peculiar ciudad.

Eran las 03.00AM (sí, sí, de ‘madrugá’) de viernes a sábado cuando salimos hacia la estación de autobuses, en una noche marcada por una final de Carnavales de Cádiz en el Falla televisada vía online y por la que prácticamente empalmamos para desvanecernos de sueño en el autobús dirección Praga desde Berlín. Viajamos con la compañía de autobuses Flixbus: autobuses con Wi-Fi, cómodos, con baño y bastante baratos; unos 40-45€ ida/vuelta.

Mylette, ¡hace sol, vayamos a bebernos una Cruzcampo! … o no

Con un día muy largo por delante puesto que tan solo teníamos un día y medio para disfrutar de la ciudad y cambiar la  imagen dentro de mi cabeza, nos pusimos en marcha a pie en dirección al centro, allí donde todos lo guiris van a hacer fotitos, tours y esas cosas de turistas.

Praga, Praga, Praga, qué podríamos decir de esta hermosa ciudad de turistas… La baña un río muy bonito así con mucho agua y pececillos, tiene un puente así muy molón con unas estatuas ahí bañadas de óxido, un castillo y mucha cerveza. ¿Impresionante eh?

Es increíble cómo una tontería tan tan grande puede atraer miles de turistas al día frente a él. Se trata de un reloj que cuenta con unas figuras animadas (los doce apóstoles) que desfilan a las horas en punto; ¡pero nada más! ¡Que mi abuela tiene en su casa 4 relojes de cuco mucho más dicharacheros que éste! Además, desde lo más alto del reloj cierta persona toca una corneta.

Es cierto que acompañado de la historia, suena mucho mejor, pero tantos muchos turistas donde me incluyo, llegamos allí con la cara de bobo esperando que “a las en punto” suceda algo increíble, maravilloso y garrapatero. Pero no.

La acústica de la plaza es bastante buena y, aunque era de día y había mucho bullicio, en el caso de esta banda, ¡sonaban muy bien!

Banda de música en Praga

 

Siguiendo con nuestra ruta y… sedientos de sed, nos íbamos acercando poco a poco al río que cruza Praga, un tal Moldava, nada que envidiar al excelentísimo Guadalquivir y con una fauna bastante similar. Pasito a pasito llegamos al puente más popular e hiper turístico de Praga, el Puente de Carlos. Data del 1357 cuando comenzó su construcción por Carlos IV, cuenta con unos 500 metros de largo, 10 de ancho y actualmente es peatonal, aunque se utilizó para el pase de carruajes, por lo que cuenta con cuatro carriles, además de 30 estatuas situadas a ambos lados del puente.

Aquí fue donde, y aunque no lo he contado antes, comencé con mi nueva afición y hobby forzado a ratos: de fotógrafo de la liga española de fotógrafos de ciudades y experiencias turísticas.

Nueva cámara, nueva vida

Haciendo un pequeño inciso, era cierto; hacía unos días y para profesionalizar este magnífico blog de Cruzcampo y turismo, me compré una cámara de fotos dejando atrás el consolidado y rápido manejo de la cámara del móvil con el que contaba. Se trata de una Sony Alpha 5000, una muy buena cámara recomendada por algunos amigos fotógrafos que sabían que yo, no tenía ni idea de la profesión. Por si a alguno os pica el gusanillo y estáis pensando en adentraros en el mundo de la fotografía, pero como yo no contáis con muchos conocimientos, os la recomiendo ya que es de fácil manejo, barata, pequeña y tiene la calidad de una réflex. Os dejo un breve review:

Si queréis, podéis dejarme vuestras opiniones sobre mis primeras fotografías; aunque me las puedo imaginar: ¡pero esto que eeeeh!

Cruzcampoman, ¡volvamos a Praga por favor y déjate ya de pamplinas!

Aprovechando el paso por este romántico puente, Mylette y yo aprovechamos para darnos unos cuantos besos y seguir adelante con la ruta. ¿Qué empalagosos no?

beso en Praga

 

Tras cruzar el puente y adentrarnos en la Ciudad Nueva, me vinieron ciertos recuerdos de la primera vez que visité Praga. Ya que cruzamos algunos restaurantes súper turísticos donde en esa primera vez tuve la desgracia de parar a desayunar: sablazo total. Pensaréis: -hay que ser tonto para comer en lo más turístico de Praga. -Pues sí.

Pero esta vez estaba enseñado y me movía por la ciudad como pez en el agua. ¿A que sí Mylette? Pues no, me decía ella L

Subimos en dirección hacia el Castillo de Praga y Monasterio de Strahov donde un amigo me había recomendado tomarme una fresquita cerveza artesanal producida por los monjes, ¿tendrán Cruzcampo? El lugar magnífico, una cervecería de abadía que data de la Edad Media cuando ya la gente le pegaba a la rubia. La cerveza artesanal que se produce es la San Norberto, nombre dado de su creador, y se produce en enormes tanques de cobre que dan origen a selectas cervezas: la cerveza de Navidad, la cerveza blanca de Weisen, las negras de San Venceslao y la rubia de Pascuas. ¡Me quedo con la rubia!

Posteriormente y con un litro de cerveza a mis espaldas, nos dirigimos en dirección hacia el hotel, puesto que el hambre empezaba a apretar y la mochila comenzaba a pesar demasiado.

¡Bien! Me han vuelto a estafar. Me encanta Praga.

¿Sabéis esa situación cuando tienes mucha hambre, Mylette comienza a ponerse pesada porque quiere comer, estamos llegando al hotel pero quieres comer, y lo único que piensas es en comida y al final te metes en el primer sitio que ves y la cagas? Pues así fue. Movidos por el estómago, muy cerca de nuestro alojamiento y sin ganas de mirar en TripAdvisor, entramos a un restaurante típico checo, aunque de típico tenía bien poco. La calidad de la comida fue aceptable raspado y el precio demasiado alto para Praga (unas 760 coronas, unos 30€). ¡Ahh, que tu colega te contó que Praga era barato, que por 5 euros se come! ¿no? Pues no.

EL HOTEL

El alojamiento sí que fue barato. Se trataba del Chili Hostel, un antiguo edificio de viviendas reformado (o eso es lo que me transmitía la distribución de las habitaciones), mucho estudiante y precio por habitación doble con baño compartido de 20€/día. Está bien, ¿no?

Quien se acuesta comido, se levanta…. ¡Y se va a comer otra vez!

Al parecer, Mylette y yo estábamos cansados: – Vamos a echarnos un rato le dije. Y el rato se convirtió en 4 horas de siesta. Con la hora justa puesto que los restaurantes cierran sus cocinas a las 22.00 y con un buen plan entre las manos, nos dirigimos hacia un restaurante recomendado por un amigo y por TripAdvisor y todos sus contribuyentes, el U Kroka.

Sin reserva y llegando a las 21.50 al restaurante, el camarero nos dejó pasar no muy amablemente al salón de comidas a voz de -tenéis que pedir ya. La cocina cierra en 10 minutos-. Mal empezamos Mylette… Tras sentarnos y con las ideas muy claras (y cómo no tenerlas con esa presión), pedimos una sopa de champiñones para compartir, muslo de pato para mí, risoto para Mylette. Todo preparado al más puro estilo de la cocina tradicional checa.

restaurante en Praga

 

Hay que decir que poco a poco el camarero era cada vez más amable pero, ¿sería el alcohol? No, la verdad que el sitio fue una pasada: la comida excepcional, el servicio muy bueno y el ambiente inmejorable. Los 10 millones de reviews positivos en TripAdvisor, tenían razón. ¡Menos mal, Praga empieza a parecer lo que en todas aquellas leyendas urbanas me habían contado!

Y lo último, el precio. Pagamos 25€ en total, más barato que la comida del mediodía, más platos y mucha más calidad.

 

Segundo día, corramos que no nos queda tiempo

Nos levantamos a la hora que había que levantarse puesto que el hostel era bastante claro en sus reglas: check-out at 11.00AM. Si te retrasabas hasta las 11.10, tenías que pagar un 25% extra y si te retrasabas hasta las 11.30, un 50%. ¿Pero qué estamos en Alemania o en República Checa?

Salimos del hostel y nos dirigimos nuevamente hacia la Ciudad Nueva, pero esta vez por otro de sus puentes, con una sola idea en nuestra cabeza, o más bien barriga: comernos un Trdelník. Este dulce en forma de espiral y nutella (aunque se puede acompañar casi con todo) ¡está que te cagas!

Trdelník dulce típico Praga

 

Tras cumplir con el objetivo, bebernos también un chocolate checo (diría que el mejor que he probado nunca) y comprar una cerveza de chocolate, seguimos nuestra ruta.

dulces típicos de Praga

 

Cruzamos por otro de sus puentes hacia la Ciudad Vieja realizando la foto de rigor con mi Cruzcampo, la cual y desde mi nueva “vista profesional” de fotógrafo, era el lugar ideal y único para hacerla. Y así fue.

 

Cruzcampo en Praga

Posteriormente seguimos paseando y paseando, visitando el Cementerio Judío, algunos mercadillos por la calle, la zona de compras hasta llegar nuevamente a la estación de autobuses, donde nos esperaba nuestro transporte destino hacia nuestra querida Berlín.

Puente de Carlos en Praga

Como anécdota antes de cerrar este capítulo, fue curioso cómo en ningún lugar de la estación de autobuses vendían cerveza (restaurantes), solo en un pequeño supermercado. Lo más curioso es que no vendían latas sueltas, sino pack de seis que habían sido unidas manualmente por cinta aislante. Supongo que una técnica para los indigentes que rondan la estación, puesto que el precio es más elevado de esta forma y no pueden acceder a la compra.

Más fotografías:

En conclusión: Praga está bien, una ciudad que visitar pero no una ciudad imprescindible en nuestros itinerarios. Desde mi punto de vista, una ciudad que está perdiendo poco a poco el romanticismo que años atrás podría transmitir debido a la masificación por parte de turistas y estudiantes sobre todo, que la están convirtiendo o la han convertido ya en una ciudad Erasmus.

Eso sí, la cerveza a 1,5€ el medio litro aproximadamente en cualquier lado. ¡Yuhuuu!

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